Cuando vemos muy claramente que algo es la verdad, esa verdad es liberadora. Cuando vemos que algo es falso, eso desaparece. Cuando por ejemplo vemos que la división de la humanidad división entre las personas, cuando vemos todo eso, esa misma realidad de verlo, de darnos cuenta, resulta liberadora.
La percepción de esa misma realidad es la que transforma. Y como estamos rodeados de tantas cosas falsas, el percibir de instante en instante esta falsedad es lo que transforma.
La verdad no se acumula; se da de instante en instante.
La memoria pertenece al tiempo, el tiempo es el pasado, el presente y el futuro. La eternidad está en el ahora y el ahora no es reflejo del pasado.
La mente está deseosa de una transformación futura, busca la transformación como un objetivo final: jamás podrá hallar la verdad, pues la verdad es algo que surge de instante en instante y debe descubrirse cada vez de nuevo, y sin duda, no puede haber descubrimiento alguno por medio de la acumulación.
Para descubrir lo nuevo, la vida, lo eterno, y de instante en instante, se requiere una percepción extraordinariamente alerta, una mente que no busque resultados, una mente que no trate de llegar a ser algo. Una mente que se esfuerza por llegar a ser algo no podrá nunca conocer la plena maravilla de la satisfacción; no de la satisfacción petulante ni de la satisfacción que produce el logro de un resultado, sino la satisfacción que se produce cuando la mente ve la verdad de lo que es y lo falso en lo que es.
La transformación tiene que ser captada de instante en instante, en la sonrisa, en la lágrima, bajo la hoja muerta, en el pensamiento, en la plenitud del amor.
El amor no es diferente de la belleza ni de la verdad. El amor es ese estado en el cual el proceso del pensamiento, como tiempo, ha cesado completamente. Donde hay amor, hay transformación.
Sin amor la revolución carece de sentido, pues entonces es mera destrucción, desintegración, es un sufrimiento que va creciendo cada vez más.
Donde hay amor hay revolución, porque el amor es transformación de instante en instante.
El dolor, el miedo, el deseo, la dependencia, el apego... Deben existir, por fuerza, en tanto exista el apremio de "ser" o de "llegar a ser", que es la persecución del éxito, con todos sus frustraciones y todas sus contradicciones tortuosas.
La conciencia surge espontáneamente cuando uno se halla rodeado de una atmósfera de bienestar interno, cuando siente que está seguro, cómodo, y se da cuenta de la acción desinteresada que viene con el amor.
El amor no compara, y así se terminan la envidia y la tortura del llegar a ser. Y en su sitio solo encontramos el verdadero placer de vivir lo que realmente somos “seres maravillosos y perfectos”.
Con amor para ti
Maritza