Formas de percibir la felicidad.
La felicidad es una palabra tan mágica que para algunos se pierde en algún sueño, pertenece a las tierras encantadas, ajenas a este mundo y, por lo mismo, inalcanzable. La felicidad, tal como lo entienden otros, está tan devaluada, que se atreven a afirmar que son felices, aún cuando internamente viven en un mundo lleno de angustias, temores y de inestabilidades emocionales.
Así pues, mientras que para unos la felicidad es como una estrella a la que únicamente se puede observar desde lejos, para otros, la palabra ha perdido su sentido original. Se ha degradado al punto en que ha dejado de significar lo que originalmente representaba para todos los seres. Sin embargo, la felicidad representa un bello estado del ser que se encuentra permanentemente al alcance de todos aquellos que se atrevan a vivir en el presente y que puedan aprender a disociar perfectamente esos dos aspectos que la misma naturaleza humana les presenta, llamándolos el impulso de la evolución y la necesidad de aceptación.
Es decir, cada ser humano debe hacer un esfuerzo para vivir en el presente y apartarse de esas tendencias negativas de vivir en realidades hipotéticas del pasado y del futuro.
Yo soy un ser único en toda la tierra.
Debemos entender que nuestro paso por el mundo representa un sendero únicamente seguido por nosotros. Nadie, en ninguna parte del mundo, podrá seguir exactamente el sendero que nosotros hemos elegido para nuestra vida. Nadie caminará exactamente por los mismos pasos. Podrán seguirnos y podremos ser nosotros quienes sigamos a otros, pero debemos entender, que cada paso que damos es únicamente nuestro, y las responsabilidades que esto trae consigo las debemos afrontar nosotros, puesto que fuimos nosotros quienes ejercimos las acciones. Por otra parte, ¿quién podría juzgar el camino que nosotros vamos llevando en nuestras vidas? quién podría entender los por qué? motivaciones que nos impulsan a dar tal o cual paso en nuestra vida? quién conoce lo que sucede dentro de nosotros? con qué derecho el resto del mundo se atreve a juzgar nuestros actos? ¡quienes son ellos y qué representan para mí sus opiniones?
Tomar consciencia de nuestra esencia personal.
Una cosa debemos entender: nosotros somos únicos en todo el mundo, no hay otro ser como nosotros. No existe otro ser que piense igual que nosotros. Lo que nosotros hacemos lo hacemos por convicción propia, y si nos equivocamos, nosotros seremos quienes aprenderemos, y si acertamos, nosotros seremos quienes obtengamos la gloria. Es muy cierto que a lo largo de nuestras vidas vamos siguiendo los ejemplos dejados por otros antes que nosotros, escuchando los consejos que otros nos dan, vamos siendo impulsados por los comentarios que nuestras familias, amistades, o personas importantes según nosotros nos dan.
Es muy cierto que vivimos continuamente interactuando con otros, y que de ésta continua interacción surgen una multitud de decisiones de parte nuestra. Pero, más cierto que todo eso, es que nosotros somos criaturas únicas en el universo y que lo que pasa dentro de mi ser, sólo yo puedo entenderlo y los resultados de lo que haga, sean buenos o malos, satisfactorios o frustrantes, serán únicamente mi responsabilidad.
No aceptaremos las ofensas provenientes de otras personas, porque carecen de significado al no entender ellos nuestro verdadero ser. Los consejos y todas las buenas intenciones que otras personas tengan para ayudarnos y guiarnos en nuestra vida, las escucharemos con el debido respeto, pero entendiendo que nuestras vidas son únicamente nuestras y que en el camino que vamos siguiendo, cada paso que damos, nos acerca o nos aleja de la meta que nosotros mismos nos hemos definido.
La trascendencia de nuestros actos: cosechamos lo que sembramos.
¿Por qué vivir pensando en si a los demás les gustará lo que vamos a hacer? por qué vivir mortificados si cada una de nuestras acciones será aprobada por la sociedad? mejor entendamos, que cada cosa que hagamos producirá un efecto en el mundo exterior, en las demás personas, y que esos efectos me ayudarán o perjudicarán en mi continuo caminar hacia las metas que me he fijado. ¿Por qué no observar a las personas y analizar su comportamiento hacia nosotros en función de las acciones que nosotros vamos realizando en nuestra vida? por qué no entender, que lo que nosotros recibimos de parte de la sociedad es un resultado de lo que nosotros mismos le hemos dado?
¿Por qué no aceptar y responsabilizarnos, de una vez por todas, que si bien sigo un camino único y soy un ser distinto a todos los demás, todo lo que yo haga provocará una reacción en el resto de mis hermanos? Y que si lo que busco es lograr el respeto, la amistad, la admiración de los demás, cada uno de mis actos debe estar cuidadosamente vigilado para obtener precisamente esos resultados. Si la sociedad me rechaza, seguramente ha sido porque mis acciones no han estado acordes a lo que es comúnmente aceptado. Si el trato que recibo de parte de los demás no es de mi agrado, debemos entenderlo como una respuesta a lo que nosotros mismos hemos estado haciendo.
¿Deseamos la felicidad? Ésa es la pregunta que debe estar permanentemente presente en nosotros. Entonces, busquémosla a través de nuestras acciones, cuidemos cada uno de nuestros pensamientos, para que la respuesta que obtengamos del Universo, sea justamente la que nosotros esperamos. Vivir plenamente, disfrutando cada momento de la vida y participando de esa experiencia a los demás, es iniciarse en el camino de la permanente felicidad. Hagamos de nuestra vida un eterno estudio, analicemos cada acción, cada paso, y las consecuencias que obtenemos de parte de la sociedad que nos rodea. Vivamos una vida en donde cada hecho no sea sino una lección dedicada especialmente para nosotros. Permanezcamos receptivos, porque las claves supremas del comportamiento humano se esconden en los lugares más increíbles y surgirán a la luz en el momento menos esperado.
Interacción individuo-sociedad.
Así pues, podríamos resumir, que aún cuando el ser humano es único en sus características personales, vive inmerso dentro de una vasta colectividad humana. Su continua interacción individuo-sociedad, se produce un estado que puede llevar a la felicidad permanente, o bien, a un estado conflictivo que atrapa al ser y lo lleva a vivir una vida miserable.
Muchos hombres se encuentran sufriendo estados de permanente conflicto. Mujeres igualmente, sufriendo estados permanentes de desarmonía, soledad y frustración. Cuando esto ocurre, y los individuos se sienten incapaces de romper esas largas cadenas de sufrimiento, aparecen nuevas opciones: entran en acción los mecanismos de defensa y aparecen las patologías conocidas como “enfermedades” que únicamente pueden ser sanadas después de largos y costosos tratamientos médicos.
Aprendamos entonces, a vivir internamente sanos. A cultivar dentro de nosotros el equilibrio permanente de nuestras emociones, haciendo que cada uno de nuestros pasos en la vida, se conviertan en una lección en donde podamos aprender la forma de ser felices.
Ser feliz es una decisión…
Aunque la felicidad no es un estado permanente sino sólo destellos, ser feliz, sí es una decisión sin importar las circunstancias y las situaciones que se presenten.
Se trata de adoptar estilos de vida que nos conduzcan a sacarle el mayor provecho a nuestros estados de felicidad.
Mi vida transcurre como la de cualquier persona, con alegrías y tristezas pero también he aprendido a derrotar estas últimas, pensando en las bendiciones que Dios me ha concedido hasta el día de hoy. He decidido comenzar cada día con una declaración de felicidad, después de dar gracias a Dios por el nuevo día, tratando siempre de alargar los momentos de alegría pero sobretodo tratando de hacerle la vida amable a la gente que me rodea, y así generar un entorno que me permita crecer y desarrollarme dentro de un ambiente sano que invite a disfrutar cada momento.
A veces me pregunto, ¿por qué cuando podemos ser felices no lo somos, cuando todos deseamos la felicidad?
Y tratando de responderme, encuentro que mi felicidad está dentro de mi y no fuera, porque si es el entorno el que no me permite ser feliz, ese entorno lo he generado yo misma. Muchas veces nos encontramos extraviados buscando felicidad donde no la vamos a encontrar.
Quienes llevan algún tiempo leyendo lo que escribo, se darán cuenta que siempre me ha cautivado el estudio del comportamiento humano y en este análisis he aprendido que tenemos tres palabras que debemos ubicar plenamente: Pasado, Presente y Futuro.
El Pasado: debemos agradecerlo pero ya no podemos vivir en él.
El futuro: es tan interesante que podemos construirlo a nuestro gusto, pero aún no podemos vivir en él.
Lo que solo nos queda es VIVIR EL PRESENTE. Vivirlo con alegría es nuestra propia decisión, dependiendo esto de nuestra musculatura mental porque así como podemos construir nuestra musculatura física, así podemos construir nuestra musculatura mental, con ejercicios que me motiven a vivir y no a sobrevivir.
Parafraseando a Goethe:
"Empieza y se te calentará la mente. Continua y la tarea quedará completa".
Para ser feliz he encontrado que debo ser una buena administradora del tiempo PRESENTE que es el único que poseo, y con el que puedo construir mi futuro sin convertirme en un planificador eterno, de los que dicen "Algún día haré…. y aprenderé del pasado, pues éste me enseña y yo tengo el deber de aprender”.
De la sabiduría Hindú he aprendido: "El ayer no es más que un sueño, El mañana no es más que una visión, pero el PRESENTE, bien vivido, hace de cada ayer un sueño de felicidad y, de cada mañana, una visión de esperanza. Por lo tanto, prestemos atención a este día".
De la Ciencia de la Mente he aprendido: Que la Palabra Presente significa regalo, un regalo de vida que Dios nos da, pero que pocas veces agradecemos con ese entusiasmo que se siente el estar ¡¡VIVOS!!
CON AMOR Y BENDICIONES